CÓMO MEDITAR SIN AGOBIARTE

Meditar sin agobios

Últimamente no dejo de oir por todas partes la obligación que tenemos de meditar, y si no lo haces cómo y cuándo toca, te miran con perplejidad y asombro. De manera que, lo que debería ser una actividad relajante, se convierte en una sobrecarga opresiva.

Antes de continuar escribiendo quiero decir: 

QUE SÍ, yo medito, 

QUE SÍ, creo en los beneficios de la meditación, 

QUE SÍ, la he alabado muchas veces e incluso aplicado en mis clases de arteterapia (y hasta con mi perrita).

PERO QUE experimento un tira y afloja con esta práctica, y presiento que no soy la única… 

Por eso propongo resolver el tema de la meditación desde un enfoque nada convencional (porque para eso ya hay miles de artículos en internet).

Desde hace 15 años vengo tanteando la praxis de meditar (dedicándole 1 hora diaria al amanecer en muchas épocas) y  asistiendo a retiros del archiconocido Joe Dispenza, en los que se medita  8 horas al día.

Por ello, así como defiendo los beneficios de la meditación, también quiero ponderar, desde otra perspectiva, su alcance y sus modalidades.

El significado de meditar

Literalmente, meditar, tiene 2 significados, el primero:

“pensar y considerar un asunto con atención y detenimiento para estudiarlo, comprenderlo bien o tomar una decisión sobre ello”.

El segundo: “orar mentalmente”. Aunque existe una diferencia entre rezar y meditar, que tiene que ver en cómo se vive el grado de CARENCIA. 

 

Además, yo añadiría un tercer significado de mayor extensión semántica y que se ajusta mucho más a mi mapa:  “estar presente, salir del piloto automático un ratito”.

meditar

Hay muchas clases de meditación, trascendental, vipassana, budista, cuántica, meditación guiada, etc. pero tomemos la que tomemos, en mi opinión, está sobredimensionada y marquetinizada.

Considerando los significados citados más arriba, siempre se ha meditado, históricamente y en todos los lugares de la tierra, sin embargo, lo asiático resulta presentarse como más auténtico o exótico. A veces parece que todo lo que es made in Oriente lo tengamos que aceptar sin rechistar, descontextualizándolo, sin procesar que nosotros NO somos monjes tibetanos aislados en un monasterio, alejados del ruido, de las tentaciones y del movimiento voraz de los centros de población (bueno, antes del Covid-19, era así…).

Creo que hemos comprado la experiencia de la meditación dándole un significado demasiado denso, ciertamente incómodo, que esconde obligación y compromiso. Y, sobretodo, trascendencia. Trascender significa pasar de un ámbito a otro, atravesando el límite que los separa, y hay que estar capacitado para cruzar esos límites, como explicaré más abajo. 

Parece que si a día de hoy, aún no meditas, eres un esquivo de los estándares. Recuerdo, en cambio, cuando hace poco más de una década, buscabas un libro sobre meditación en la biblioteca de mi ciudad y te miraban con duda.

meditar con gracia

No medites!

Ya sé que es contundente, y antes de que me caiga el peso del mundo encima, me explico. 

SI LLEVAS SIGLOS MEDITANDO QUE TIENES QUE MEDITAR, NO LO HAGAS, al menos en el sentido que nos lo venden (como verás hay otros modos de meditar).

No te fustigues. 

Medita si te apetece o te lo recomienda un especialista, pero no porque todo el mundo lo hace.

Además, para muchos, la práctica de buscar un momento y un lugar para ponerse a meditar, les genera más estrés del que ya tienen, que crece al comprobar la imposibilidad de tachar esa tarea de su check list de pendientes.

En todas las sociedades y épocas se ha practicado alguna variedad de meditación, desde el ámbito del culto, de la religión, de la filosofía o incluso del arte, por eso creo que sería bueno revisar cuál es la que más nos identifica. A mí, por ejemplo, como mujer europea de tradición judeocristiana, me resuena más hablar del concepto propuesto por nuestros filósofos : ensimismamiento.

ensimismamiento

Beneficios de meditar

Como he confesado más arriba, reconozco los beneficios de meditar, que según médicos, psicólogos y terapeutas, se pueden resumir en:

  • Calmar la mente
  • Aumentar la plasticidad cerebral y crear nuevas conexiones
  • Mejorar la toma de decisión
  • Conectar con el sentido universal del AMOR
  • Depurar mental, física y espiritualmente
  • Liberar energía negativa
  • Aliviar el estrés, la cefalea y la fibromialgia
  • Combatir la ansiedad
  • Alejar de las adicciones
  • Regular la frecuencia cardíaca
  • Potenciar el sistema inmune
  • Agudizar la memoria y el aprendizaje
  • Aumentar la creatividad 

La meditación promete idealmente todos estos efectos curativos si se la incorpora de manera orgánica en las rutinas del día a día, como una actividad que ayude a parar por unos instantes la agitación, y si se practica con cierta disciplina y asiduidad. En mi experiencia, si se la tiene como una obligación, más allá de ingresar unos beneficios, nos va a dejar con un saldo negativo.

meditar

El lado oscuro de la meditación

Creo que es importante ser conscientes de que la meditación es una herramienta terapéutica, y como tal, tiene un doble filo.

Numerosos estudios han observado efectos adversos de la meditación, especialmente cuando el meditador sufre ciertas enfermedades psicológicas o desequilibrios mentales.

Los más citados son:

  • Despersonalización
  • Ansiedad
  • Terror y pánico
  • Insomnio
  • Abstracción mental y emocional
  • Distorsión de la realidad
  • Alucinaciones
  • Irritabilidad
  • Reaparición de traumas ya olvidados
  • Sensación de mareo y náuseas

Y es que como resultado de la auténtica conexión con nosotros mismos, posibilitada por la meditación, se pueden destapar emociones incómodas, momentos terribles del pasado o incluso imaginar experiencias futuras desagradables. En el budismo Zen existe una palabra para describir el enfrentamiento con los propios demonios: makyo.

perdido

Más arriba equiparaba el ensimismamiento filosófico con la meditación, pero hay que ir con cuidado de no caer en el vacío, en la somnolencia especulativa, en perder el mundo de vista. 

Aquietarse en la justa medida y alternar del soliloquio al coloquio.

La meditación puede ponerlo todo patas arriba, encararnos con monstruos  y arrojarnos a las profundas oscuridades del espíritu humano. Puede ser un peaje derecho a “la noche oscura del alma”.

Estos posibles efectos secundarios no deben alejarnos de la meditación, sino hacernos más conscientes del terreno en el que nos adentramos.

Técnicas populares para meditar

Algunas de las acciones más populares para sentarse a meditar son:

  • Cerrar los ojos
  • Observar la respiración
  • Visualizar un paisaje, objeto o situación
  • Concentrarse en un pensamiento positivo
  • Desenfocar la atención mental  
  • Dejar pasar los pensamientos
  • Repetir un mantra
  • Hacer unos ejercicios de yoga previos
  • Escuchar la palabras de un gurú, como Deepak Chopra, Louise Hay o Joe Dispenza.

En resumidas cuentas parece que la meditación llega desvinculandose de la mente, con los ojos cerrados, en posición de loto y con turbante. Y que se tiene que ser, además, muy espiritual y saber fonética antigua.

Y si bien, es cierto que ayuda la observación de la respiración, visualizar mentalmente una imagen placentera, hacer unos ejercicios de yoga previos, vestir ropa cómoda o repetir un mantra, yo creo, vamos, estoy convencida, de QUE SE PUEDE MEDITAR HACIENDO OTRAS COSAS:

  • Leyendo
  • Escribiendo
  • Dibujando
  • Componiendo música
  • Contemplando un paisaje
  • Cultivando un jardín o huerto
  • Mirando un cuadro o disfrutando de cualquier objeto artístico
  • Escuchando (una voz, el silencio, un sonido)
  • Bebiendo agua, un café o una copa de vino
  • Paseando al perro
  • Yendo en bicicleta
  • Practicando una actividad física (desde yoga a esquí)
  • Cocinando
  • Observando el dedo pequeño de nuestro pié
  • Haciendo las tareas de la casa
  • E incluso en un atasco de tráfico
meditar

Por supuesto que si cerramos los ojos uno se desconecta más de los estímulos externos y puede que sintamos más placer por el propio acto de cerrar los ojos y darles un descanso (sobretodo si se está expuesto constantemente a dispositivos digitales). Pero no descartemos los otros sentidos. Podemos apagar los ojos pero encender el oído, por ejemplo,  siendo el canto de los pájaros un legítimo mantra para meditar.

Aprender a meditar a tu medida

Después de valorar pros y contras, en mi opinión hay que sacarle hierro al asunto de meditar. Entender que el secreto de la meditación es simplemente parar los automatismos por un lapso de tiempo, darle importancia a lo mínimo, buscar la grandeza en la pequeñez del detalle. Poner foco durante unos minutos en el entorno y en el cuerpo y percibir cómo se sitúa éste en el espacio que en ese momento nos rodea (sea un paisaje, un bar o el coche). 

Y si nace de dentro, dar gracias por lo que se tiene, en plan Ho’oponopono, aunque creo que, esbozar una sonrisa para con uno mismo, tiene el mismo efecto.

Para mí, meditar no es sólo ESTAR (en una determinada postura o lugar) sino SER,  con consciencia.

El poder del ahora

Yo la identifico totalmente con el  mindfulness, de hecho pienso que la versión occidental de la meditación viene de la mano de las enseñanzas de Eckhart Tolle, tan minimalistas y extraordinarias a la vez.

Meditar es también REORDENAR, es ir en contra de la segunda ley de la termodinámica, en que se busca la entropía, el caos y el desorden creciente.

Al final no me queda demasiado claro si es conectarse o desconectarse.

Depende de dónde pongamos el foco…

conectar

Conclusión

Como he confesado antes, yo sí que medito in stricto sensu, pero a épocas, y me permito que sea sin imposición ni bajo el paraguas de una técnica determinada. Ahora bien, lo que sí hago cada día es parar mis automatismos, dejar atrás la mente analítica durante un rato y buscar estados de presencia real, sea haciendo lo que sea.

Antes he citado muchos de los beneficios de meditar, pero creo que el más importante es que, la meditación permite recibir información sobre uno mismo. No son gratuitas las molestias en el cuerpo y el determinado tipo de pensamientos martillando durante la práctica de la meditación. Son avisos, indicadores de dónde, cómo y qué le pasa a tu cuerpo ese día en concreto.

Quiero acabar con una máxima que deberíamos aplicar en todos los ámbitos de nuestra vida:

haz las cosas porque tu lo sientas, porque te dé beneficios claros y porque te haga mejor, y no porque todo el mundo diga que funciona!

Meditar es algo que sabemos hacer de forma innata, no es una práctica rara, nos corresponde por derecho propio, así que no cuesta tanta inversión de tiempo ni de logística.

De hecho, la meditación, ejecutada tal y como «nos la venden» hoy día, no se considera tan importante dentro de las rutinas diarias de los países más felices del mundo y de las 5 zonas azules en donde la gente vive más, en los que sus habitantes, para aliviar el estrés, recurren a otras actividades…

ahí lo dejo…

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