MI EXPERIENCIA CON EL AYUNO

desde hace años

El ayuno y también una dieta sin comestibles procesados están en la base evolutiva del ser humano y por tanto son muy adecuados para el organismo porque los reconoce como algo orgánico. 

Desestimado a lo largo de la evolución más reciente por el protagonismo de la industria alimenticia, el ayuno cobra hoy protagonismo porque la comunidad médica está probando sus beneficios.

Mi experiencia con el ayuno viene de muy lejos, de hace 30 años cuando de manera intuitiva escuchaba mi cuerpo y hacía caso omiso a los consejos del entorno de aquella época en la que, por supuesto, era un crimen saltarse una comida.

De manera que he estado por mucho tiempo practicando sin saberlo el ayuno intermitente tan valorado hoy día por la comunidad científica.

Conozco pues muy bien sus efectos y una conclusión a la que he llegado es que:

ayunar

Los beneficios que obtienes superan con creces el esfuerzo de resistirse a la tentación de comer algo emocionalmente apetecible y de lidiar con el entorno, que te suele considerar un bicho raro que atenta contra su salud.

Mi experiencia con el ayuno

El relato de mi historia con el ayuno no tiene ninguna intención de seducción ni validez certificada y mi único objetivo es compartir una experiencia. Lo que a mí me funcionó no es garantía de nada.

Empecé ayunando instintivamente en los primeros años de universidad y lo instauré decididamente cuando en la juventud tardía hacía los “excesos” típicos de un fin de semana con los amigos.

adolescencia

Intuitivamente y ATENDIENDO A MI CUERPO durante el embarazo y la lactancia dejé por completo de practicar el ayuno y comía siempre que tenía hambre. 

Hoy la literatura científica confirma efectivamente que las mujeres en su época de maternidad y primera crianza no deben ayunar.

En la década de mis 30 ‘s  retomé el hábito de manera más consciente y sistemática que antes porque empecé a investigar sobre sus beneficios al convertirse en un tema menos tabú.

Mi primer ayuno largo de varios días fué en un balneario a los 40 años con supervisión médica e ingiriendo zumos y caldos.

Desde entonces practico el ayuno intermitente como hábito diario. 

Ahora bien, soy muy flexible con esta herramienta y suspendo el ayuno cuando es innecesario o si me siento más estresada de lo normal. Cuando los niveles de cortisol están elevados es preferible no practicarlo porque se convierte en un mecanismo hormético que aumenta el estrés. 

Conclusión

En este enlace recojo una compilación de técnicas para empezar a ayunar que a mí me han ido muy bien.

Concluyo con un listado de mis pros y contras respecto al ayuno.

Estoy a favor de: 

  • comer sólo cuando tengamos hambre real, es decir, “desayunar” o romper el ayuno a la hora que sea y no necesariamente cuando nos levantamos de la cama
  • el ayuno como curación de ciertas enfermedades
  • usar el ayuno como herramienta coadyudante de una dieta 
  • tener control en todo momento de nuestros valores en sangre a través de análisis periódicos

Estoy en contra de:

  • ayunar pasando hambre
  • comer invariablemente aunque sólo tengamos a nuestra disposición comestibles procesados (por ejemplo en un avión)
  • practicar el ayuno como excusa para darse luego un atracón
  • los ayunos prolongados sin supervisión médica
  • el ayuno restrictivo de sólo agua
consejo médico

En ningún caso el ayuno debe generar estrés o ansiedad.

Hay que ser flexibles y no porque todo el mundo esté hablando de él nos tenemos que sumar a la moda.

Disclaimer: el ayuno debe ser supervisado por un médico y hay personas que deben abstenerse. 

Para escribir este artículo me he basado en decenas de fuentes científicas así como en mi dilatada experiencia. Recuerda que esto no es consejo médico ni facultativo. Lo que a mí me funciona puede que a otros no.

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